Óptica y Optometría. Mi historia.

Hace tiempo ya, con la ilusión de un niño, entré a la universidad de Murcia y me propuse ser algún día Óptico. No por el engaño del esfuerzo sino por la suerte de poder estudiar, por fin terminé. Por empollón, como recuerdo que me decía mi profesor de opto; me seleccionó para trabajar en su óptica. Puff…, el día más feliz de mi vida, todo mi trabajo por fin recompensado. En la entrevista no le hablé ni de mi salario. Tenía suficiente con el sueño de poder seguir aprendiendo junto con unos de los mejores optómetras de mi tierra. No voy a caer en la tentación de comentar su forma de trabajar, pero ya os podéis imaginar que dista mucho, la teoría de la práctica… hombre, la pela es la pela. Por su falsa y mi estupidez, estuve trabajando todo el día excepto, el tiempo que me tiraba por el camino por tan sólo 700€, y lo más sorprendente sin darme de alta ¡ soy ilegal¡ se ve, que mi sangre no se derramó en tierras cubanas, ni me inteligencia colocó en el Quijote, un artículo en el lugar exacto. Ahora, como antes, los de arriba sólo se dedican a chafar el glorioso trabajo de uno y de su pueblo. Lo que peor llevaba, era cuando estaba obligado a vencer mi vergüenza y cobrarle 900€ a una jubilada más pobre que yo. Mientras que ese cabrón se reía y le hacía la pelota, pues sabía que el día tres del mes, ya había sacado para los sueldos de sus cuatro empleados. Me llamó a su despacho para firmar el contrato y por fin estar dado de alta; cual fue mi sorpresa, que ese mes iba a cobrar 400€ por los gastos del trámite. Sin creerlo, con lágrimas en los ojos, me despedí dando las gracias con el orgullo de ser pobre sufrido. En la vida se puede comprar casi todo, el tiempo no. Los únicos 6 meses perdidos en todo mi camino. Soy incapaz de creer en la superioridad, pero estoy seguro que la inferioridad existe. Ese profesor, con su submarino, con su propio ascensor, con esa casita en una de esas urbanizaciones boniquísimas, con luz, agua y calles pagadas por los españoles, para que vivan sólo ingleses, alemanes y los españoles pudientes. Pues claro está, que si entra un militar de esos que se deja el pellejo por la bandera o de esos que se levantan a las cinco para limpiar las calles. Esos no pueden entrar, son gentuza… soy gentuza. Quizás mi inteligencia no esté acertada, pero esas personas por su falta de voz culpable, jamás podrán ser de mi raza, jamás podrán ser mis compañeros. Esto no es una queja, es una denuncia, y una llamada para que ningún mal nacido nos quite la ilusión. Lo mejor que se puede hacer es estudiar, aprender y crecer. Eso sí, para mí, todos mis compañeros que soportan esa humillación son unos analfabetos. Ahora estoy en otra carrera, y trabajando en el Eroski, y me va de fábula. Por lo menos me pagan por lo que hago, aunque mi padre no me entiende. No van a conseguir que odie a la bella huerta murciana, pero no entiendo como un pueblo puede salir a apoyar a un enfermo de esos que les pone un niño pequeño, o lo que vuelven a darle la mayoría a un ladrón de ladrillo… o por qué, cobra menos un Óptico que un reponedor. Puff si pudiera entenderlo. Traidores: políticos y humillados. El mundo no puede girar sin ruido.






solounpoco dijo
Amén compañero, amén a todo lo que dices.
Saludos
27 Octubre 2007 | 07:59 PM