Murciano: Buenas tardes ¿qué tal?
Mallorquina: Buenas
Murciano: Necesito una cita con un médico. Aquí tengo mi tarjeta de Murcia.
Mallorquina: A ver...
Murciano: Si puede ser por la tarde, mucho mejor. Es que trabajo.
Mallorquina: Por la tarde es sólo para residentes.
Murciano: Soy residente, mira mi D.N.I. Port de Pollença.
Mallorquina: La tarjeta de Murcia no te vale, necesitas la de Baleares.
Murciano: Pues házmela, si puede.
Mallorquina: Y para qué quieres la tarjeta, si cuanto termine la temporada, te irás.
Murciano: No he venido de temporada.
Mallorquina: Pues me tienes que traer tu nómina y tu residencia.
Murciano: ¿Mi nómina?
Mallorquina: Necesito saber si cotizas a nuestra seguridad social, o sino, no tienes médico.
Murciano: Vale. Adeu.
A esa hija de Caín, le recito esta poesía:
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
c uando es preciso.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
Miguel Hernández.. Nació en la orilla del Segura. Obligado a participar en una guerra civil y perderla. Obligado a morir de hambre... lejos y junto a su amor... y su niño.
Quizás logró imaginar, unos de las más bellos sonidos. Esta señora, nunca la entenderá.
Espero que te traten bien, para que un día, sientas vergüenza de tu alma.
